‘Bésame tonto’, a pesar de todo.

Texto: Anabel Martínez Fotos: Secundino Pérez

Sea por lo que sea, el beso está en nuestras vidas desde que venimos al mundo. Los hay de bienvenida, tiernos, de compromiso, de puro amor, recatados, libidinosos, ingenuos, indecorosos, largos, de tornillo, de traición, robados, inocentes, por sorpresa, besos políticamente correctos, de despedida, con lengua, sin ella, besos porque sí… pero besos al fin y al cabo. Hoy 13 de abril, Día Internacional del Beso, en plena pandemia por coronavirus, besar es complicado sobre todo con una mascarilla que separe los labios de una mejilla, unas manos, una frente u otros labios.

El Día Internacional del Beso recuerda el beso más largo de la historia documentado que fue 58 horas y protagonizado por una pareja tailandesa, pareja que con este largo beso batió su récor anterior de 46 horas, 24 minutos y 9 segundos. El beso, prefiero este término a su sinónimo ósculo, está presente en nuestras vidas, en nuestra sociedad y prueba de ello es su protagonismo en la pintura, la escultura, el cine, la música e incluso en la política.

El beso ha sido objeto de todo tipo de análisis, desde físicos a emocionales. Por ejemplo, ejercita una treintena de músculos faciales, porque el beso va más allá de los labios. Además, los expertos recuerdan los beneficios de besar. Un beso ayuda a quemar calorías, activa la circulación sanguínea, aumenta los niveles de bienestar, actúa como antídoto frente a la depresión, disminuye la formación de arrugas y también es un excitante sexual.

Hay besos de cine, con música, con colores y de suaves texturas. Son distintas representaciones de un mismo hecho, besar o besarse. Es famosa la escultura ‘El beso’ del francés Auguste Rodin; el óleo con laminillas de oro del austríaco Gustav Klimt; también es famoso el bíblico beso de Judas, el de los mandatarios de la URSS y de la RDA en plena Guerra Fría, Leonidas Brezhnev y Enrich Honecker, respectivamente; y el que recibió la enfermera de un marinero desconocido en el neoyorkino Times Square para celebrar el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

La música también nos deja muchos besos. Unos, los que surgen con las canciones románticas, otros, los que van implícitos en las letras. Otros, los propios autores. Ahí está Kiss, el grupo de rock norteamericano caracterizado por su maquillaje en sus conciertos de. ‘Kiss’ de Prince y su ‘kiss me’ (bésame) ha sido versionada varias veces, una de ellas por Tom Jones (entre otros). ‘Kiss me’, de la banda Sixpence None The Richer “lo petó” (petó es beso en catalán) en 1997. Pero sin duda, una de la canciones más versionadas y dedicadas al beso es la mítica ‘Bésame mucho’, un bolero de la mexicana Consuelo Vázquez que data de los años cuarenta del siglo pasado. Entre sus versiones -y traducciones como ‘Kiss me a lot’- que han dado la vuelta al mundo, las de Nat King Col, Los Panchos e incluso The Beatles, Luis Mariano, Sara Montiel, Mónica Naranjo….

Hablando de besos ¿quién no ha oído hablar sobre cómo besa la española? Reza el pasodoble perteneciente a la revista musical La estrella de Egipto que se ‘viralizó’ en España con la voz de distintos artistas: “Le puede dar usted un beso en la mano / O puede darle un beso de hermano / Asi la besara cuanto quiera /Pero un beso de amor / No se lo da a cualquiera”. El beso como despedida lo explicó Nino Bravo con “al partir, un beso y una flor”; Víctor Manuel cantó “a dónde irán los besos que guardamos, que no damos” y recordó “ese beso temploroso” de la adolescencia; los argentinos Morat hablan de ‘Besos en guerra’ y dicen eso de “Dos besos son demasiado y un beso no bastará” y que “sabiendo que tus besos matan, moriré de amor”. Y El Canto del Loco también cantó “Y eso es lo que quiero, besos / Todas las mañanas me despierten besos / Sea por la tarde y siga habiendo besos / Luego por la noche hoy me den más besos pa’ cenar”.

Hay besos de cine, besos famosos en el celuloide. Ahí, cada uno tiene su preferido, pero son famosos los de títulos como Casablanca, El diario de Noa, Desayuno con diamantes… incluso los besos de una caseta de feria en The kissing booth. Por cierto, el primer beso en la historia del cine fue en 1896 y por encargo de Thomas Edison. Protagonizado por John Rice y May Irwin duró 47 segundos, casto y recatado, nada que ver con el de 58 horas de la pareja tailandesa que propició el Día Internacional del Beso.

Así las cosas, con la pandemia por coronavirus, nos guardamos los besos como Víctor Manuel, para poder, como quiere Dani Martín de El Canto del Loco, desayunar, comer, merendar y cenar con besos cuando todo pase.

Dame un beso tonto o dame un beso, tonto. Lo que quieras y a pesar de todo.

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