Cuaderno… Semana Siete ¿El principio del final?

“Hasta lo inesperado se convierte en costumbre cuando se ha aprendido a soportar” (Cortázar)

Texto: Javier Cuesta. Fotos: Secundino Pérez

Lunes. País cainita. Los mismos que aplauden a sanitarios a las ocho ponen notas en el portal instando a que cambien de piso. Esa pareja ahora heroica nos era odiosa porque el radar multaba, y pronto lo volverá a ser. El `buenismo´ nace de estar acojonados, pero el miedo es emoción pasajera y nuestros gestos tramposos.

M. Las mujeres hermosas lo son igual con mascarilla, las demás reducen a la mitad su fealdad (ventajas de la crisis). En cambio, los hombres somos siempre horribles y con medio rostro doblemente (atracadores aficionados parecemos). Es apreciación sincera en fugaces salidas, y sin ironía ni machismo, si acaso…

X. …si acaso voyerismo: “no sé lo que me pasa que últimamente no dejo de espiar a mi vecina de enfrente”. Vuelven premonitorias canciones del ayer. Y aquí sigue uno, al revés que el caracol, con el tiempo lento a la espalda y la casa a los pies. Del hashtag “quédate…” al “quéjate…” porque estás hasta la pinza de un sacrificio individual que apenas luce en lo colectivo.

J. A medida que se acerca despacio el principio del final de la peste, más nítido vemos su origen remoto (por encima de especulaciones China/EEUU): el capitalismo voraz, el consumismo desmedido, la globalización incontrolada, el crecimiento irracional, la agresión al planeta, el despilfarro, las guerras, los monopolios, las desigualdades… para qué seguir.

V. Día 1. Hace cuatro décadas era casi inicio de verano, manifestación obrera, primera `fiestuki´ en el polvoriento solar del barrio de El Ejido. Ahora nos ha jodido bien mayo con sus flores. Rotos nuestros hábitos y nuestros vínculos, la movilidad limitada, los planes truncados, el ánimo bajo mínimos, ¿para qué queremos días en rojo, para qué sol y treinta grados?

S. Permiten desde hoy paseo y deporte. Runners fosforitos equiparados a niños con patinete y perros con amo. Segundas residencias a esperar (confinamiento rima con ensañamiento). Clausurada por ahora la primera temporada de catástrofes, vamos a salir justo para hacer la declaración de la renta. Aleluya, otro placer olvidado. Qué felices somos.

D. Antes de este funesto tiempo el futuro se había vuelto muy incierto; a partir de aquí será algo irrealizable, imposible de prever. Ya jamás podrán (ni Estados ni ciudadanos) hacer cálculos, fijar plazos o metas, programar a medio plazo, casi ni para mañana. No es pesimismo, “podría mentirte pero prefiero salvarte”. El porvenir es una gran incógnita; la única certeza: “cojitos para toda la vida”.

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