Cuaderno…Semana tres. Reformular el mundo.

Texto: Javier Cuesta y Fotos: Secundino Pérez.

Lunes. Encaramos la tercera semana de reclusión y nos daríamos con un canto si la condena acaba en la fecha fijada, pues algunas previsiones agoreras espantan más que Cuarto Milenio. En este punto, para el sano cuenta la fortaleza mental, la disciplina, el autocontrol; para los contagiados sólo vale la salud, la salvación. Anuncian frío y nieve, dará menos coraje el confinamiento.

M. Hoy a trabajar. Salir con causa, de León a Mansilla, excepcionalmente y con precaución. Y qué lástima ver la desolación, casi mejor en casa. Cuatro coches, algún camión, un tractor gradeando a lo lejos, como queriendo sostener el mundo él sólo, vacas pastando ajenas a todo, verdean los trigos, la naturaleza que quiere despertar, estallar tras el invierno, y nadie ahí para verlo. Una primavera sin testigos. La vida en modo pausa.

X. Positivo. ¿Tú también Simón, hijo mío? De pestes pasadas quedó en la retina la estampa gris de carretas cargadas de cuerpos, piernas y brazos sobresaliendo. Esta vez, ¿qué imagen icónica permanecerá? Quizá un rollo de papel WC, un pangolín chino o el balcón de los aplausos. O la cara neutral de Simón serigrafiada en camisetas, como un contemporáneo Che de la guerrilla científica.

J. Curioso contrasentido. La rutina hace que las horas pasen lentas. Sin embargo, el tiempo (la vida) es demasiado fugaz como para aburrirnos: cuando quieres darte cuenta se acabó lo que se daba. Pero todo, todo: lo bueno y lo malo. Ambas percepciones se sienten ahora más que nunca. Quédate con lo que hay; si hemos pasado el ecuador, cambiemos de himno: “sal al balcón, tira un jamón…”

V. Cierta estabilización. Al fin. Así podremos ocuparnos de nuevos problemas que llegan. Titula la prensa que aflora el hambre, aumenta la petición de ayuda, y a la vez informa de ganaderos que tiran la leche, no saben qué hacer con sus lechazos. Urge reformular el mundo, más ahora que hemos comprobado cómo se puede vivir sin fútbol en directo, sin comprar a lo tonto, sin coche a todas horas…

S. Tema relacionado. Uno siempre defendió que tres cosas nos igualan socialmente: fútbol, coche y Corte Inglés. Habrá que añadir: y las pandemias. Aunque no del todo: sí en el contagio, no en el confinamiento. Ramos(*) lo pasa en su finca de tres mil metros, tú no. Un misántropo ni lo nota, le pilló prevenido; más damnificados son (somos) los tipos sociables y locuaces: ¡horror, capados hasta el 26 de abril!

D. Las grandes epidemias son buenas para las efemérides, o al revés. Las catástrofes devienen cíclicas, puntuales, con una exactitud diabólica. Sabemos que suceden cada siglo, en las décadas en torno a los años veinte, año arriba o abajo, de forma que esta también tocaba aunque nadie imaginase su tremendo impacto, su devastación. A nuestros nietos, ojalá el Covid20 les pille confesados.

(*) Qué tiempos aquellos en los que Ramos daba un beso a veintiún jugadores al salir del campo, y al árbitro no porque le había sacado tarjeta. ¿Volverá ese romanticismo deportivo? De momento, en la calle o en el super cunde el recelo, nos miramos de reojo, somos el virus, el peligro. Tardaremos en tocarnos sin susto.

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