Mi Cuerpo que Parecía Tenso Empieza A Relajarse.

  • camino entre verde y nubes en cielo azul
  • nubes y flores en Fontanos
  • una rana entre ramas en Fontanos
  • El bosque de Fontanos
  • Una seta entre arbustos
  • vegetación en Fontanos
  • arboleda de fontanos

Texto, voz y fotos: Leonor Bellis

Dejando atrás la última casa del pueblo, sigo una senda que se abre camino entre los prados, acotada por zarzas, algún que otro palero y cercados hechos con cantos de río. Recorro un tramo a la vera de un pequeño arroyo, que desaparece cuando comienza el ascenso hacia un bosque de robles. Sus hojas jóvenes, recién nacidas, revelan que la primavera está avanzada. También hay pinos, matojos, lavanda y brezo, cuyo tinte morado, va dejando su protagonismo al amarillo de las escobas. A mi paso, el ruido de la hojarasca delata el corretear de alguna lagartija que busca refugio entre la maleza. Escucho el silbido del mirlo, o el trinar del petirrojo, siempre con la melodía de fondo que compone la brisa cuando arrulla las ramas de los árboles.

Es media tarde. 

La temperatura suave, tras la tormenta primaveral, da calidez al ambiente. Según me adentro en el boscaje, el aire limpio y perfumado tras la lluvia, espabila mis sentidos que se enredan en el olor a tierra húmeda y a tomillo.

Los rayos de sol que penetran a través de las ramas de árboles añosos, acarician mi rostro. Arriba, en la cima del monte, el espacio se abre en su infinitud remota, y recorro una vereda custodiada por el bosque. Un sinfín de florecillas salpican el suelo, yermo de colorido durante el invierno.

Es la hora calma de la luz ocre, perfecta, bellísima que anticipa el ocaso. A lo lejos, la tonalidad púrpura del cielo evidencia que la tormenta se aleja.

Me impregno de la esencia del momento. Respiro profundo y esbozo una sonrisa ante la fascinación que siempre me ha producido la naturaleza.

Me detengo. Cierro los ojos elevando mis brazos hacia el infinito, mientras me abstraigo y diseño una emoción que deleita mi espíritu.

Retomo la marcha. Mi cuerpo que parecía tenso empieza a relajarse. Fundirme con el paisaje aligera la espesura de cualquier sentimiento.

Sigo caminando, disfrutando de los colores que va adquiriendo el cielo a medida que la tarde declina. Un rojo intenso predomina sobre el azul de dos tonalidades diferentes, que se mezclan con el gris y con el amarillo de los últimos rayos del sol.

La visión espectacular que tantas veces he contemplado me conmueve como si fuera un descubrimiento primero.

He de regresar; apenas queda media hora de luz y el paseo ha conseguido el efecto sanador que salí a buscar.

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