Sergio Sánchez González

© Sergio Sánchez

El joven fotógrafo que participa en esta ocasión en nuestra Galería de Leonlife, Sergio Sánchez, es un autodidacta de la fotografía y esta pasión, que despertó en él una compañera de universidad hace más de diez años, la comparte con su trabajo como Educador Social en un centro residencial para personas con enfermedad mental.

Pese a que llegó tarde a “jugar a hacer fotos”, mantiene intactos en su memoria “aquellos cajones de la televisión donde mis padres guardaban todas las fotos y negativos de la familia”, un archivo de recuerdos que en su casa siempre han procurado mantener “aunque nunca hubo interés por aprender a hacer fotos, sin embargo mi padre siempre tiene la cámara a mano para fotografiar todo lo que cree importante a modo de vivencias personales”.

Aquella inquietud infantil por el cajón de fotos hizo que en su Primera Comunión recibiera de regalo su primera cámara, una compacta “que nunca usé”, hasta que llegó su etapa universitaria donde una compañera de la residencia en la que vivía “siempre tenía una cámara a mano y sentí curiosidad por saber más y que me contara cómo funcionaba”. Aunque entonces nunca se atrevió a sacar una foto, sí continuó indagando y tiempo después se compró una Zenit-e. A partir de ahí llegó su primer carrete “que mandé revelar en el que salieron un montón de fotos naranjas y malísimas que hice en casa, de noche, el mismo día que me llegó la cámara, y resultó así porque tenía muchas ganas de probar todo lo que me había explicado mi amiga”. La siguiente experiencia en analógico fue “la primera vez que hice mis propias ampliaciones de medio carrete de fotos que había hecho”. La ampliadora era de un amigo de la facultad “que me contó que un fotógrafo de su pueblo había cerrado el estudio y le había regalado varios productos de laboratorio y la ampliadora”, explica Sergio Sánchez quien confiesa que las fotos “quedaron manchadas y amarillas por no lavarlas bien, pero también muchos recuerdos buenísimos”. Una década de experiencias con las que ha llegado a hoy donde se maneja con una Sony a7, una Olympus tg- y el móvil.

Le gusta el paisaje, el retrato y la fotografía documental como la selección que presenta aquí de su último viaje por las ciudades de Bratislava, Praga y Viena. Asegura que cualquier momento del día es perfecto para trabajar, sobre todo porque asocio la fotografía “a los momentos que vivo y como herramienta para acumular recuerdos, solo que intento que las fotos no sean muy literales con esos recuerdos”, y reconoce que para él la fotografía “es un vicio que me encanta y me ayuda a organizar recuerdos”. A diario fotografía muchos ‘micro-momentos’, quizás porque reflexiona constantemente sobre el interés de lo que ve. “Si hay algo que me atrae, saco la cámara y pienso cómo abarcarlo –explica este joven fotógrafo- aunque también siento que pasa mucho tiempo entre que creo que he trabajado un tema y la siguiente vez que vuelvo a creerlo”. Su asignatura pendiente es el retrato porque le cuesta identificar qué quiere conseguir con ese retrato. “Me parece muy difícil trabajar mi propia impaciencia y, sobre todo, la de las personas a retratar”, reconoce al tiempo que agradece a FOCUS  los momentos “fotografiados y vividos que me ha ofrecido desde que llegué a León”.

Siente especial interés por el trabajo de fotógrafos como Pinkhassov, David Allan Harvey, Koudelka, Cristóbal Hara, Navia, Harry Gruyaert y últimamente “estoy viendo bastantes cosas que me gustan mucho de Yoriyas, Tang Tawanwad o Dirty Harry”, detalla Sergio Sánchez para quien su momento imborrable es “la primera foto que hice a mi pareja el día que la conocí, se perfectamente el sitio, el momento, con qué cámara… solo hubo una copia en papel que desconozco donde está, el negativo tengo una ligera idea de en qué ciudad, no es una buena foto y hace muchos años que no la veo”.

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