Sonríe siempre. Cuaderno… Y semana ocho

Texto: Javier Cuesta Fotos: Secundino Pérez

Lunes. Que todo cambie. Hablan de volver a la normalidad y con ello se refieren a la situación anterior a esta crisis. Falsa ecuación, aquello no era ni medio normal y (Murhpy) todo lo susceptible de empeorar, empeora. Ejemplo: pasaremos de ser mano de obra a simples algoritmos. La pandemia se va, el neoliberalismo se queda.

M. Sin fútbol ni bares jamás nos debió faltar el centro de salud. Pero, las tres cosas a la vez… ¡no por Dios! Ahora en serio, ¿y en una crisis sanitaria lo primero que cerró fue el consultorio médico, dolencias comunes y enfermedades crónicas incluidas? Parece broma.

X. Alimentos. Un amigo pragmático-leonés me dice “déjate de líos con mascarillas; que no falte la comida es la clave en un país; eso sí sería un problema, y más gordo que las cejas del pobre Simón” (algo no garantizado, con las cosechas sin recoger; salvo que alguna lumbrera madrileña disponga de pizza para todos).

J. Haya o no otra oleada en otoño, siento que necesito un refugio; no cabaña en el bosque sino refugio interior: lejos del ruido de un mundo furioso, agresivo, dañino. Los poetas (Fonollosa) todo lo dicen mejor: “estar aislado es grato para el alma/estar aislado es grato para el cuerpo/morir es sólo aislarse un poco más”

V. Beneficiados. Aún no podemos detectar culpables pero sí grandes ganadores: Amazon y la venta digital y grandes laboratorios farmacéuticos y empresas del 5G y Apple y Facebook y Gates y su vacuna y su chip… quién sabe; los que estos días no han dicho ni mu.

S. Tendremos durante cierto tiempo una vida incómoda, entre guantes, mascarilla, gel, mamparas y distancia física (la distancia social ya existía). Pero tú en cuanto puedas sonríe, sonríe siempre, lo notaremos en tus ojos felices, olvida el castigo de estos días, que lo auténticamente viral sea tu risa.

Domingo 10 de mayo. Adiós aislamiento, hola equilibrio. Hemos visto las calles mudas, con el mismo silencio de los claustros. Pronto las pisaremos de nuevo, en masa y entre el bullicio de los mercaderes (del templo del consumo). En el medio, como siempre, estará la virtud: responsabilidad individual y supervivencia.

Y FIN. Lo que empezó hace dos meses como cuaderno de bitácora, connotación marina porque aquello semejaba un naufragio, llega a puerto y toca a su fin, esta vez con suerte pues parece que volvemos a flotar amarrados a una improvisada tabla de cuatro fases. No nos hundiremos, por ahora. No sé yo en la siguiente tempestad, que se anuncia para octubre.

Un cuaderno así concebido, en plan casi telegráfico, con reflexiones escuetas de cada día sobre el llamado estado de alarma, tiende por fuerza a caer en la simplificación. Mis disculpas por ello; sé que las cosas son más complejas, demasiado complicadas como para despacharlas alegremente en pocas líneas. No se trataba de dogmatizar sino de incorporar un pensamiento personal sobre lo que estábamos viviendo y, si además de servirle a uno de terapia, algunos beneficios alcanzaron a un lector, a uno sólo, me conformo. No había más pretensiones, de verdad.

Ahora hemos cruzado la tormenta. Toca remar (no digo rezar) hasta la orilla y más allá. Mucha fuerza. Ánimo y suerte. Amén.

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