Y Volaron Las Torres Gemelas

La Robla. Unos años antes

Texto y fotos: Secundino Pérez

La nieve del invierno caía teñida sobre los coches, el verde de los setos  y la ropa tendida que espera el sol para secar. Unas veces era gris por el efecto del humo de la cementera, y otras, negra por el carbón de La Vasco. Y por supuesto, de las chimeneas de la térmica nunca sabíamos qué era exactamente lo que salía. Eso sí, los cables que de allí salían rugían tanto o más como el ruido constante de la térmica que notabas, sobre todo, cuando paraba y el silencio volvía.  

Ahora todo son recuerdos y añoranzas. No quise verlas volar por miedo a que se desvanecieran mis sueños de niño.

Con diez años llegué a La Robla, mi padre estaba destinado allí por un tiempo. Y yo, que soy el pequeño de cuatro hermanas, me trasladaron junto a la siguiente en edad a la ciudad de la térmica, de La Vasco, de los Cementos, minas… Una vorágine tremenda de personas de todas partes viviendo en lo que debía ser un pueblo. Mi colegio estaba en el instituto, nunca lo entendí muy bien, pero eso me parecía un ascenso, como el de mi padre. Los compañeros de clase te sometían a pruebas para ser o no de la pandilla. Miedo… Todo lo iba asumiendo pues qué podía hacer. Mi madre, siempre me sonreía y escuchaba. Y yo no paraba de hablar… No me juzgaba. Y me seguía escuchando. Años después se reía al recordar que yo pasaba más tiempo con las niñas que con los niños, vaya, como en casa…jajjj.

Y con los niños jugábamos a todo lo imaginable y prohibido. Construimos una caseta en el monte con tablas, cristales y uralitas procedente de las obras de por allí. Todo de dudosa legalidad. Creo que ha prescrito. Otra vez se nos ocurrió lanzar neumáticos de coches, que estaban depositados en un taller cercano y lanzarlos desde la montaña. Uno se ponía abajo a ver cuántos paraba. Los no interceptados cruzaban la carretera nacional. Hubo suerte y no causamos accidentes, pero otra vez como con lo de la caseta: lío y miedo.

Y así fuimos creciendo. Muchos niños y niñas descubriendo la vida. Y es que a La Robla llegaban y se iban muchas personas además de atravesando El Rabizo, por carretera, también viajaban por la famosa  línea de tren de vía estrecha más largo de Europa con 335 km, El Hullero.  Mañana más

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